Pedro Conde - Romance del niño ciego (Argentina)


-Dime madre,
¿son las rosas de seda como tu cara?
-Deliras hijo.
En un tiempo fue quizá, rosa mi cara
pero es el llanto rocío
que quema como la helada.
-¿Y por qué lloras, madruca?
soy tan feliz cuando cantas.
-Lloro porque tus pupilas
son estrellas apagadas
y yo quisiera, mi niño,
que tus ojos me miraran.
Dicen que Santa Lucía
es de ciegos abogada.
Si ella te diera la vista,
yo mis ojos le ofrendara.

-Pero si yo veo, madre,
con las pupilas del alma,
y todo lo que tú me cuentas
es como si lo mirara.
Luego en mis noches yo sueño
cosas bellas y fantásticas
que mi casa es un castillo
lleno de gentes de armas,
que soy el hijo de un rey
y tú la reina doña Blanca
y una gentil princesita
viene a ser mi desposada.
Imagina si de pronto
yo la vista recobrara
y viera que es una choza
y no un castillo mi casa,
que son pobres mis vestidos
y no es hermosa tu cara.

No ofrezcas, madre, tus ojos
por los míos a la santa.
Ciego siempre seré un niño
arrimadito a tus faldas
y no iré por esas sendas
tan oscuras y tan malas
donde dicen que los hombres
cuando caen, no se levantan.

No ofrezcas, madre, tus ojos
por los míos a la santa.
Si los que miran son ciegos
y no ven por dónde andan,
si no pueden tejer sueños
con realidades amargas,
déjame con las pupilas
que Dios me puso en el alma
que para ir por esta vida
con que tú me lleves, basta.